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En un vaso, disuelve la levadura fresca en 100 ml de agua tibia junto con el azúcar. Deja reposar unos 15 minutos, hasta que la mezcla empiece a activarse.
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En un bol amplio, mezcla la harina de trigo sarraceno con la sal. Añade la levadura activada y el aceite de oliva virgen extra.
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Empieza a mezclar con una cuchara y ve incorporando poco a poco el resto del agua tibia. No es necesario usar toda: cuando la masa se despegue de las paredes del bol, estará lista.
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Pasa la masa a una superficie ligeramente enharinada y amasa suavemente hasta obtener una masa elástica y homogénea.
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Forma un bollo y colócalo en un cuenco untado con aceite. Cubre y deja reposar en un lugar cálido durante 2–3 horas, hasta que doble su volumen.
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Una vez fermentada, da forma alargada al pan y colócalo sobre una bandeja de horno con papel vegetal o ligeramente enharinada.
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Hornea en el horno precalentado a 200 °C durante 30–40 minutos, hasta que la superficie esté bien dorada.
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Saca el pan del horno y deja enfriar sobre una rejilla antes de cortarlo, para que asiente bien la miga.